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Homenaje a Ángel González

(10 de Enero de 2009)

Dentro de la actividad del "Mercado de Trueque" se realizó un homenaje al Poeta Ángel González (fallecido hace un año) mediante una recitación dramatizada y canciones compuestas de algunos de sus poemas. Aquí os dejamos algunos de sus poemas como complemento al homenaje realizado.

 

Poeta Angel Gonzalez -- Homenaje en La Charca de la Rana

Mercado de Trueque -- La charca de la rana

(Haz "click" en las fotos para verlas más grandes )

Mercado de Trueque -- La charca de la rana

(Fotos por cortesía de César)


Poemas

Para que yo me llame Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,

para que mi ser pese sobre el suelo,

fue necesario un ancho espacio

y un largo tiempo:

hombres de todo mar y toda tierra,

fértiles vientres de mujer, y cuerpos

y más cuerpos, fundiéndose incesantes

en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron

con su cambiante luz, su vario cielo,

el viaje milenario de mi carne

trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso

de su huida hasta el fin, sobreviviendo

naufragios, aferrándose

al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina, que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento...

Me basta así
 

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;               
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia               
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.

Nada es lo mismo
       

La lágrima fue dicha...               

Olvidemos
el llanto               
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas               
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer               
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído               
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?               

No es bueno repetir lo que está dicho.               
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:              

Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia               
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.